Acto I
La pelota echa a rodar
Hay un mostrador alargado presidido por un control de seguridad. Parece que estemos pasando las aduanas de un aeropuerto. Pero no, nos encontramos en las instalaciones de la COPE en Madrid. Nos identificamos y pasamos el control. Jorge Armenteros, un cubano de piel morena, alto y robusto, nos recibe justo a la entrada. Armenteros fue el primer hombre de color en trabajar en Tiempo del Juego. Tras la muerte de Pepe Domingo Castaño, es el encargado de coordinar la publicidad del programa. No sé si recibe a todos los visitantes que llegan a la emisora o si su presencia se debe a una deferencia con mi acompañante, amigo de un directivo de una empresa de complementos alimenticios y cosmética natural. Un posible anunciante, entiendo. La COPE es el segundo grupo en inversión publicitaria tras la Cadena SER. Sus ingresos por publicidad alcanzaron los 108,3 millones de euros en 2021, según el portal especializado PRNoticias. La publicidad del programa tenía un maestro: Pepe Domingo Castaño. El genio de los anuncios falleció el 17 de septiembre de 2023. “Esta familia ya nunca volverá a latir igual sin ti, pero por ti seguiremos…”, se despedía de él el programa en su cuenta oficial de X (antes Twitter). Desde sus inicios como animador en Carrusel Deportivo, Castaño destacó por un estilo publicitario inconfundible. Sus jingles, rimas y canciones pegadizas tan personales hacían que la publicidad se convirtiese en un espectáculo. Armenteros y otros miembros del equipo como Andrea Peláez se enfrentan al reto de sustituirlo.
Armenteros echa a andar y lo seguimos. El bullicio va creciendo a medida que nos acercamos a la redacción. Cuando entramos en ella, voces, pasos, el ruido de las teclas. Todo el mundo va de un lado a otro como si tuviese prisa. Armenteros ni se inmuta, pero yo tengo miedo de ser atropellada. Lo escucho decir:
— Aquí está la sección de informativos, aquí la de redes sociales.
Armenteros se detiene frente a algunas personas y nos las presenta con economía de palabras. En un estilo muy periodístico, como corresponde.
— David Jiménez, redactor de Tiempo de Juego y Deportes COPE. Antonio Bravo, uno de los realizadores del programa.
De presentación en presentación pasamos a un despacho en el que nos invita a tomar asiento. Se disculpa, cierra la puerta tras de sí y se va. Así, sin más. Luego descubriré que esto es habitual aquí. Entrar y salir. La voz de locutor de Armenteros no ha dejado de hablarnos hasta que se ha ido. Ahora, en su ausencia, me pierdo en el silencio que ha dejado en el despacho y soy consciente de la situación. “Apenas he empezado el segundo año de periodismo y estoy aquí, en el corazón de la COPE”, pienso. Miro a mi acompañante agradecida. En ese momento se abre la puerta. Un tipo sonriente y muy enérgico se sienta frente a nosotros. Es el director y presentador de Tiempo de Juego. No creo que necesite presentación. Cualquier aficionado a la radio deportiva (y son millones) lo conoce. Es una obviedad decir que Paco González llegó en 2010 junto a Pepe Domingo Castaño, Manolo Lama y otros miembros del equipo de Carrusel Deportivo, el programa que dirigía en la Cadena Ser, tras tensiones y desacuerdos con la dirección de esa cadena. También lo es decir que, desde su llegada, Tiempo de Juego, que inició su andadura en 1969, ha ido ganando oyentes hasta desbancar a su antiguo programa como líder de audiencia. Pero lo digo. Para que conste.
Acto II
La radio es un teatro
Son las seis y media de la tarde. En una hora da comienzo el programa. González dice que las conexiones, la publicidad y los resultados de los equipos españoles son los aspectos que más le preocupan antes de empezar la emisión. No deja de moverse y de gesticular cuando habla.
— Luego os veo abajo, ¿no?
Se levanta del asiento y sale disparado del despacho.
Casi no da tiempo a que la puerta se cierre cuando otro hombre entra en el despacho. Esta es la vida aquí: un ir y venir, un entrar y salir casi frenético. Jorge Hevia lleva el tupé bien colocado, gafas y una sonrisa que desprende buenas vibras. Se sienta en el mismo lugar que había ocupado González. Hevia es el jefe de producción de Tiempo de Juego. Dice que la planificación es el secreto para que todo funcione en el programa.
— La idea es que el productor tenga que hacer lo menos posible cuando llega el fin de semana.
Cada martes, Paco González y su equipo seleccionan los partidos más relevantes, eligen a los narradores adecuados y preparan la escaleta que guiará la transmisión. Dice Hevia que la tramitación de las acreditaciones es fundamental para acceder al estadio y que la escaleta es la brújula del programa. Los técnicos la siguen al detalle. Durante el directo todo lo preparado debe convertirse en realidad y la publicidad integrarse entre los comentarios y la narración de los eventos justo cuando González da la entrada publicitaria.
Armenteros aparece de nuevo en el despacho. Aprovecho para interpelarle.
— ¿Hay algún método de selección de publicidad o publicitáis a todos los anunciantes que solicitan vuestros servicios?
— Hacemos un programa de deportes donde se anuncia publicidad, no un programa de publicidad donde se habla de deportes. Hay muchos momentos en la temporada que tenemos que dejar fuera a algunos anunciantes.
Salimos del despacho con Armenteros. Continuamos el tour por las instalaciones. Volvemos a pasar por la redacción, donde el ir y venir de gente no se acaba nunca. Armenteros alza la mano a modo de saludo y sonríe. A lo lejos, un hombre robusto de semblante serio (pero de cara familiar) le devuelve el saludo y se acerca a nosotros. Nos invita a presenciar el programa que dirige y presenta, La linterna de Ángel Expósito. Es, obviamente, el propio Ángel Expósito. Con él nos introducimos en el ojo de la tormenta. En el estudio la tranquilidad “brilla por su ausencia”, dicho con una de esas muletillas deportivas. Gestos, miradas, tecleos, risas, gente saliendo y entrando. Aquí la gente siempre entra y sale. Ya lo he dicho, pero no deja de sorprenderme. No hay tiempo ni para pestañear. Mi acompañante, gran seguidor del programa, no da crédito a lo que está viendo. “Esto es una locura, no me lo imaginaba así”, dice. La voz grave y pausada de Expósito crea una atmósfera tan íntima que, pienso entonces, nadie del millón de oyentes del programa podría imaginárselo.
Nos sentamos al lado de Expósito. Es todo un privilegio. Quiero abrazar a mi acompañante, pero me reprimo. Mientras habla al micrófono, escribe algo en el guion que está leyendo. Lo escribe en grandes letras rojas. Nos entrega el papel para que lo leamos: “La radio es un teatro”. Observa nuestra reacción de reojo. Mi acompañante sonríe y asiente con la cabeza. Aunque todo parezca improvisado, como si las cosas sucediesen en ese mismo instante, todos y cada uno de los que participan en esta función sabe lo que tiene que decir. Y cómo y cuándo decirlo. Todo se ha diseñado previamente. Minuciosamente. Nada es improvisado, ni siquiera los diálogos que simulan ser conversación. La radio es un teatro. Lo acaba de escribir Expósito en letras rojas.
Acto III
La tensión se palpa en el ambiente: All that jazz
El escenario ha cambiado. La pelota echa a rodar. Comienza Tiempo de Juego. En una mesa en forma de media luna presidida por Paco González se sientan las otras ocho voces del programa. Frente a ellos, once pantallas de televisión y cuatro técnicos detrás del cristal. La tensión se palpa en el ambiente (otra muletilla deportiva, como la primera). Todas las miradas se concentran en esas once pantallas. Once. Como un equipo de fútbol en el terreno de juego. ¿Será casualidad?, me pregunto. Cada miembro del programa tiene una función específica, como cada miembro de un equipo de fútbol, me digo. Imagino que habrá defensas, centrocampistas, delanteros y un portero. El fútbol es así. La retransmisión del fútbol es así. Exige disciplina y concentración. Supongo que en este símil futbolístico que estoy haciendo, Paco González sería el entrenador. O quizás el presidente que lo controla todo, como Florentino en el Real Madrid.
Nos sentamos justo detrás de González para presenciar el programa (¿Qué hago? ¿Lo abrazo? ¿Abrazo a mi acompañante?). Desde esta posición descubrimos un lenguaje paralelo. Un lenguaje de gestos que sólo ellos son capaces de entender. Alzamientos de manos, señales con los dedos, palabras y ruidos indescriptibles que marcan el camino y la fluidez de la emisión. El director y presentador del programa parece uno de esos animalillos de la sabana africana que otean el horizonte atento a cualquier señal. Un animalillo inquieto de dibujos animados que asoma la cabeza de un campo de fútbol a otro, del césped del Bernabeu al siempre bien cuidado del Sánchez Pizjuán, de éste al de su vecino, el Benito Villamarín, y del campo del Betis a la otra punta del país, al césped del nuevo San Mamés o al del estadio de Anoeta, observando aquí y allá, con movimientos rápidos de cabeza, desde un agujero en la hierba. Mientras habla o da paso a los narradores, recibe una cantidad ingente de información en ese idioma secreto que comparte con el resto de los integrantes de la mesa. La recibe y descodifica como si tuviera un radar. Luego le preguntaré que cómo gestiona tanta información y él pondrá el acento en la valoración y selección de lo que merece ser contado.
González levanta la mano y hace un gesto al técnico. Entra la voz dulce y poderosa de Andrea Peláez, que canta: “Bebe Font arel, cero sodios, Font arel…” El resto del equipo hace los coros de lo que reconocemos como uno de los jingles publicitarios característicos del estilo de Pepe Domingo Castaño. “Por ti seguiremos”, le dijeron en un tuit cuando falleció. Y lo homenajean de este modo en cada programa.
A la izquierda de la mesa, Paco González manipula un pequeño teclado. No tiene letras sino dibujos. Un gol, una falta o incluso la publicidad van acompañados de un sonido: la tecla que pulsa González. Él controla los efectos. El humor, la tensión, el ritmo, la incertidumbre, el suspense, la intriga. Él es el director de todo esto. Desde mi posición no puedo ver su rostro, pero sé que está disfrutando porque mi acompañante está disfrutando y yo estoy disfrutando. Y el oyente, en su casa, en el coche o en el trabajo también estará disfrutando, aunque no vea lo que estamos viendo, aunque solo lo oiga. Es igual. Esto es magia (la magia de la radio: no hay un tópico que refleje mejor la realidad). Esto es espectáculo. All that jazz.
Epílogo
Recorremos los pasillos ahora solitarios. Caminamos en silencio por la COPE. Llegamos al control de seguridad. Lo atravesamos también en silencio. En la calle seguimos en silencio, como si no quisiéramos que nuestras voces apagaran el espectáculo sonoro al que acabamos de asistir. Miro a mi acompañante. Ahora es el momento de plantarle un abrazo agradecido. Pero en vez de eso siento, como Butragueño en su día, el impulso de decirle: “Oye, ¿tú crees que Florentino es un ser superior?”
Un reportaje de Lucía Bullido Sanz
Imagen generada con la IA de Bing





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